Los atentados del 11 de septiembre de 2001 cambiaron para siempre la forma de volar. Aquella mañana, cuatro aviones comerciales fueron secuestrados en Estados Unidos. Dos impactaron contra las Torres Gemelas de Nueva York, otro contra el Pentágono y el vuelo United 93 cayó en Pensilvania después de que varios pasajeros intentaran recuperar el control de la aeronave.
Hasta entonces, los secuestros aéreos se manejaban bajo otra lógica: generalmente se buscaba que el avión aterrizara y abrir una negociación con los atacantes. El 11-S rompió ese esquema. Por primera vez quedó claro, de la forma más dramática, que un avión lleno de pasajeros podía ser utilizado como un arma. Desde ese día y hasta ahora, 25 años después, siguen cambiando los controles en los aeropuertos, la protección de las cabinas y hasta la manera en que pilotos y tripulantes deben reaccionar frente a una amenaza.

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