El aeropuerto de Guayaquil, una terminal que moviliza alrededor de cuatro millones de pasajeros al año, está acostumbrado a celebrar. Cada vez que una nueva aeronave llega por primera vez o una ruta se inaugura, los carros de bomberos salen a escena para formar el tradicional arco de agua, un homenaje reservado para ocasiones especiales.
La mañana de este jueves 4 de junio prometía ser una de esas jornadas festivas.
El protagonista era el Airbus A350 de Iberia, una de las aeronaves más modernas de la aerolínea española. Tal como estaba previsto, el avión aterrizó de madrugada procedente de Madrid y se estacionó en la manga 20, en el ala internacional de la terminal.
Semanas antes, Iberia había anunciado que utilizaría temporalmente sus A350 en la ruta Madrid-Guayaquil-Madrid. La noticia había despertado interés entre aficionados a la aviación y pasajeros frecuentes. La mayoría de las operaciones comerciales que se realizan en Guayaquil se operan con aviones más pequeños, Airbus A319 y A320.
Por ello, según la concesionaria Tagsa, se solicitó la realización del arco de agua para despedir el vuelo de regreso hacia España.
Poco antes de las 11:00, dos carros de bomberos aeronáuticos tomaron posición junto a una de las calles de rodaje. Todo estaba listo.
Dentro del avión también había expectativa. Algunos pasajeros iniciaban vacaciones en España. Otros continuaban viaje hacia distintos destinos europeos. Desde las ventanas y la sala de embarque se podían observar los vehículos de emergencia preparados para el homenaje.
Cuando la aeronave comenzó a rodar hacia la pista, varios viajeros sacaron sus teléfonos celulares. Querían registrar el momento en que el gigante blanco atravesara la cortina de agua.
El A350 avanzó lentamente y se internó en el arco.
Entonces ocurrió lo inesperado.
El brazo de una de las mangueras impactó contra el winglet del ala izquierda. El golpe fue seco. Visible. La estructura recibió el impacto y una grieta apareció en una de sus superficies.
Desde un edificio lateral del aeropuerto, personas que observaban la maniobra registraron la escena en video. La sorpresa quedó grabada junto a expresiones de incredulidad. Detrás del cerramiento norte, varios spotters —aficionados dedicados a fotografiar aeronaves— también seguían atentos el paso del avión y captaron el instante del incidente.
Dentro de la cabina, muchos pasajeros no alcanzaron a comprender de inmediato lo que había sucedido.
Pero afuera ya era evidente.
La aeronave se detuvo. No podía continuar su viaje hacia Madrid. El daño sufrido en el winglet obligaba a una revisión técnica.
Lo que debía terminar como un gesto de bienvenida y despedida para una de las aeronaves más modernas de Iberia terminó convertido en un incidente aeroportuario.
En cuestión de minutos, las imágenes comenzaron a circular en redes sociales y dieron la vuelta al mundo entre comunidades aeronáuticas.
Los pasajeros tuvieron que regresar a la sala de embarque. Algunos caminaban con resignación. Otros mostraban frustración por los itinerarios alterados y las conexiones en riesgo.
La ceremonia del arco de agua, pensada para celebrar la llegada del A350 a Guayaquil, acabó convirtiéndose en una escena que nadie había previsto.
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