11.9.26

Así cambió volar después del 11-S: diez medidas que transformaron para siempre la aviación



Los atentados del 11 de septiembre de 2001 cambiaron para siempre la forma de volar. Aquella mañana, cuatro aviones comerciales fueron secuestrados en Estados Unidos. Dos impactaron contra las Torres Gemelas de Nueva York, otro contra el Pentágono y el vuelo United 93 cayó en Pensilvania después de que varios pasajeros intentaran recuperar el control de la aeronave.

Hasta entonces, los secuestros aéreos se manejaban bajo otra lógica: generalmente se buscaba que el avión aterrizara y abrir una negociación con los atacantes. El 11-S rompió ese esquema. Por primera vez quedó claro, de la forma más dramática, que un avión lleno de pasajeros podía ser utilizado como un arma. Desde ese día y hasta ahora, 25 años después,  siguen cambiando los controles en los aeropuertos, la protección de las cabinas y hasta la manera en que pilotos y tripulantes deben reaccionar frente a una amenaza.


1. Las puertas de la cabina se convirtieron en una barrera de seguridad

Antes del 11-S, llegar hasta la cabina de los pilotos era mucho más sencillo que ahora. Las puertas servían principalmente para separar a la tripulación de los pasajeros y no habían sido diseñadas para resistir un ataque.

Eso cambió después de los atentados. Las puertas fueron reforzadas para soportar intentos de ingreso por la fuerza y durante el vuelo deben permanecer cerradas y bloqueadas. El acceso al cockpit quedó reservado a situaciones y procedimientos específicos.

2.- También cambió la respuesta frente a un secuestro

Durante años, la recomendación frente a un secuestro era evitar una confrontación que pusiera en peligro a los pasajeros. La expectativa era que los atacantes quisieran llevar el avión hasta algún aeropuerto y plantear exigencias.

El 11-S demostró que el objetivo podía ser completamente diferente. Desde entonces, evitar que un atacante llegue a los controles de la aeronave se convirtió en una prioridad. Los procedimientos de las tripulaciones también fueron revisados bajo esa nueva realidad.



3.-Nació la TSA en Estados Unidos

Apenas dos meses después de los atentados, el 19 de noviembre de 2001, Estados Unidos promulgó la Aviation and Transportation Security Act. De allí nació la Transportation Security Administration (TSA).

La creación de esta agencia cambió la seguridad de los aeropuertos estadounidenses. Gran parte de los controles que hasta ese momento estaban en manos de empresas privadas contratadas por las aerolíneas pasó a ser responsabilidad del Gobierno federal.

4.- Las maletas que van en la bodega comenzaron a ser revisadas con mayor rigor

El pasajero no fue el único objetivo de los nuevos controles. También cambió la manera de revisar el equipaje facturado.

Los aeropuertos incorporaron sistemas de detección de explosivos y otras tecnologías destinadas a identificar sustancias peligrosas dentro de las maletas antes de que sean cargadas en la bodega del avión. La revisión del equipaje se convirtió así en otra de las grandes capas de seguridad.

5.- Pasar por el filtro de seguridad se volvió más complejo

Buena parte de la experiencia actual en un aeropuerto tiene relación con la transformación que siguió al 11-S. Las listas de artículos prohibidos se hicieron más estrictas y las inspecciones a pasajeros y equipajes de mano aumentaron.

Con los años se sumaron nuevas tecnologías: escáneres corporales, sistemas de rayos X más avanzados, equipos para detectar rastros de explosivos y, más recientemente, tomógrafos que permiten observar con mayor detalle el interior del equipaje.

6.- Ya no solo importa lo que lleva el pasajero, también quién es

Otro cambio ocurrió mucho antes de llegar al aeropuerto. Las autoridades comenzaron a prestar mucha más atención a la identidad y antecedentes de quienes iban a abordar un vuelo.

En Estados Unidos se reforzaron mecanismos como las listas No Fly y Selectee. Con el tiempo también se desarrollaron sistemas para comparar previamente los datos entregados por los pasajeros con bases de vigilancia de seguridad.

7.-Más agentes comenzaron a viajar de incógnito

El programa de Federal Air Marshals ya existía antes del 11-S, pero adquirió otra dimensión después de los ataques.

Estos agentes viajan de manera encubierta en determinados vuelos comerciales y están capacitados para actuar ante un intento de secuestro o una amenaza grave dentro del avión. Su número aumentó considerablemente tras los atentados.

8.- Algunos pilotos fueron autorizados a llevar armas

Estados Unidos fue incluso más lejos y creó el programa Federal Flight Deck Officer (FFDO).

Los pilotos que participan voluntariamente deben recibir una preparación especial. Una vez certificados, pueden portar un arma dentro de la cabina para utilizarla como último recurso ante un intento de ingreso violento o toma del control del avión.



9.- La seguridad dejó de estar concentrada únicamente en el pasajero

El 11-S también obligó a mirar lo que ocurría detrás de las áreas visibles de una terminal.

Los controles se reforzaron para empleados, vehículos, accesos a plataforma, instalaciones, carga y correo. También aumentó la vigilancia de los perímetros aeroportuarios.

De allí se consolidó un principio que sigue vigente: la “seguridad por capas”. La idea es que ninguna medida funcione sola. Si una amenaza logra superar un filtro, debe encontrarse con otra barrera antes de llegar a la aeronave.

10.- El cambio terminó extendiéndose a todo el mundo

Las nuevas medidas no quedaron limitadas a Estados Unidos. El impacto del 11-S llevó a revisar los estándares de seguridad de la aviación internacional.

La Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) reforzó las disposiciones de su Anexo 17, dedicado a la protección de la aviación civil contra actos de interferencia ilícita. Los países también tuvieron que fortalecer controles relacionados con aeropuertos, aeronaves, carga, correo y pasajeros.

No todas las restricciones que hoy encuentra un viajero en un aeropuerto nacieron exactamente el 11 de septiembre de 2001. Algunas aparecieron como respuesta a amenazas posteriores. La revisión del calzado, por ejemplo, cobró fuerza después de que Richard Reid intentara detonar explosivos escondidos en sus zapatos en diciembre de ese año.

Algo similar ocurrió con los líquidos. Las restricciones para llevarlos en el equipaje de mano se endurecieron después del descubrimiento en 2006 de un complot que contemplaba utilizar explosivos líquidos en vuelos que saldrían de Reino Unido.

Pero todos esos cambios fueron incorporándose a una nueva forma de entender la seguridad aérea que comenzó con el 11-S. Hasta ese momento, la preocupación era principalmente evitar que alguien introdujera un arma y secuestrara un avión. Después de los atentados apareció un riesgo todavía mayor: impedir que alguien pudiera apoderarse de una aeronave comercial y convertirla en un arma.

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